domingo, 27 de julio de 2014

lista

  • Cortarse las uñas. O sea: cualquiera que lo tengas que anotar.
  • Limpiar la casa. Concepto demasiado amplio. Pasar Blem a los muebles, aspirar, repasar el baño (sucio no está, no lo soportarías). La heladera la dejamos para otro día, como siempre. Hace frío. El plural esquizo.
  • Tomar mate. Siempre mate, siempre una excusa para atrasar.
  • Analizar SAXS-2D de envejecimiento de soles. Otra vez SAXS. Basta de SAXS, un poco de SEX. Chiste fácil, chiste obvio. No es un chiste.

Dos horas después.

Apa, te cortaste las uñas y te las pintaste. Esa no te la esperabas. Te miraste al espejo, te miraste toda y una vez más te viste hermosa y pensaste: qué desperdicio. Qué pérdida de tiempo. ¿Cuándo te vas a convencer? No esperes nada, nunca hay que esperar nada. Te alcanza con ser y verte siendo. Qué horror, "verte siendo". Mejor: verte haciendo, que es lo mismo. Llorá y pataleá todo lo que quieras, de eso se trata.
«Necesito un tiempo sola. Un tiempo conmigo, conocerme y aceptarme. O cambiarme si no me gusto, pero dejar de verme en el puto reflejo de los otros, tan distorsionado. Tan como los otros quieren verme.»  
Ahora te la bancás. Tenés que lavar los platos sola, cocinar para vos, cocinar cosas ricas porque te gusta comer bien, comerlas sola y no pensar que alguien más podría estar disfrutando con vos. Tomar mate sola, lidiar con Miguel y que haga afuera de las piedritas, reconocer que es una estupidez, juntarlo y putear porque nunca va a aprender, irte a dormir con mil frazadas porque sola hace más frío. Empezar a disfrutar de eso, dejar de juzgarte por no hacer todo lo que hubieras debido durante el día; ¿qué carajo hubiera debido hacer? La lista es inmensa, siempre; ya no te importa, seguí creciendo, que lo hacés muy bien. No tener que hacer nada de todo eso, hacerlo y que no pese. Que no se note. Vivir una vida mediocre, llena de preguntas atragantadas que no hacés para dejar de llorar y patalear, para reírte con esa cáscara de mujer de rutina, mujer con casa y perro, mujer que odiás. Matala hoy, matala antes de que te chupe y te convenza de que esa es la vida que querés.

Ser, aunque muerta, caminar y cagarte de la risa. Escribir así, dejar la parafernalia del estúpido literato. Podés escribir tan lindo como quieras, como épsilon que podía ser tan chico como uno quisiera, pero te importa un carajo. Demostraste que podías, diste vuelta las páginas de ese libro que nunca vas a escribir y le metiste una a una las palabras copaditas en el culo. Ese culo que él tiene que cerrar cada vez que llueve y se acuerda de vos. Sí, dale, que el mundo se unifique con el agua que cae intrépida, inundate solo en tu mar inmenso de psicosis. Soy impermeable, hidrofóbica, gil.

Permanecer... y cortála con las órdenes, flaca!

Última:  cortar pegar publicar.

lunes, 19 de mayo de 2014

domingo (3)

Líquida y con viscosidad cotidiana, acelera sin querer y choca contra las ventanas a mi izquierda y también más allá, del otro lado de la puerta; golpean una, otra, y otra, y se multiplican casi como fractales traslúcidos. Hacen un ruido de nostalgia resignada, de domingo con lluvia que ya se transformó en lugar común. No diluyen sin embargo el suspiro de la espera; no nos bañan ni simulan sumergirnos juntos a una distancia menor a la que nos impone el aire. Y la carne que se aleja, siempre se aleja, mientras baila en un tintineo incesante de gotas que hacen sinapsis en tu ventana, que evocan mi nombre. Las gotas que se evaporan y hacen caso omiso a mis deseos de preservarte, pero que, obedientes, mantienen todo en su (incorrecto) lugar.


sábado, 26 de abril de 2014

II

La nada levanta el todo que se deshace, otra vez, en jirones vacíos.
Velos sin color ni bordes acarician la trompada estomacal.
Miro hincharse el silencio mientras arde, pero protejo mis dedos en el hielo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

excuse me but I just have to explode

Hace mucho tiempo leí que un día como hoy, treinta años atrás, un número mayor de mariposas que el común poblaba Buenos Aires. Eso ocurría al mismo tiempo que la muerte de Julio Cortázar, allá, más lejos. Vos sabés adónde. Nada, cuestión que el relato quedó en mi memoria tergiversado de una manera incrédulamente simpática: ese día, además, era el de mi nacimiento. Bueno, mentira: llegué quince días después. Tal vez aquél doce de febrero de mil nueve ochentaycuatro pateé muy fuerte, llené con esos bichos el estómago de mi madre, andá a saber. Lo certero es que hoy, justo hoy, la metáfora de los bichos llegó a mi pecho. Me invadió uno muy especial: Aquí Alejandra. Qué paradoja, homenaje invertido resultó. Hoy me llené de vos, te estallé, te... No, la verdad es que ME. Es un todo me. Me hice Alejandra con vos, me metí ahí, le cambié los nombres, y expresaste mi deseo. Vení, que no hay nadie, acurrucate acá conmigo. Sí, a vos te estoy hablando, lo sabés muy bien. No te hagás. Salió medio mexicano, viste: todo vuelve. 
Yo tampoco quiero, ¿sabés?,  pero si tuviera se llamaría Alejandra. Le daría de comer. Sí. Vos no te preocupes. Ya vamos a madurar. ¿O era crecer?
Para qué seguir, si ya lo sabemos. Es sólo simular que termina cada vez. 
Cómo se puede estar cuando no hay nada más que la niebla de los cigarrillos.

viernes, 27 de diciembre de 2013

-Capítulo 1-

Caos de vidrios policía y llaves nuevas. Sólo querían entregarle el par sin estrenar para la cerradura que todavía no estaba puesta, en ese afán iluso por prever los hechos menos relevantes y abandonar los evidentes. Elena había bajado los tres pisos con escalones rápidos, habiéndose puesto apurada el corpiño negro por debajo del camisón, luego de que alguien tocase su timbre sin responder al inmediato “quién es”. Los ruidos que venían de los pisos inferiores la llamaban con orejas puntiagudas: había que bajar. Los hombres vestidos de azul y gorra rígida anotaban en la puerta de calle letras de palabras que les importaban menos que la cena del tipo de la planta baja; mientras, la transpiración inundaba la superficie de todos los presentes, casi de la misma manera que los pedacitos de vidrio roto que antes eran puerta mojaban el lobby rojo de aquel edificio antiguo; “parece una casa de la costa”, le decían sus amigos cuando ella los invitaba por primera vez. Bueno, a Elena no le parecía, quizá porque no conocía tantas casas en la costa. O quizá porque sentía el ferviente asfalto de la Gran Ciudad cada vez que salía, y eran pocos los días de vientos marítimos. Suerte que había algunos, que si no, ni te cuento. En aquéllos ella cerraba despacito los ojos (nunca del todo, eh), aspiraba fuerte por la nariz, y automáticamente se le pintaba una risa sin dientes, bien ancha: cara de milanesa. Esos días también pensaba en él más seguido. Era alegría respirada hasta el último bronquio.

Esa mañana habían usurpado un departamento del primer piso (y no, no era una mañana salada). El dueño tenía amigos de los buenos, esos que cuando se enojan te echan a palazos de tu propia casa y se transforman en okupas de tu baño, tu cocina y hasta del ventilador. Todos duros, todos ebrios, y todos los vidrios rotos un rato más tarde de que los sacaran a los empujones. Y más tarde todavía, el plan de una cerradura nueva. Estos hechos no eran frecuentes en el edificio costero del asfalto, pero si pasaban había que cambiar la cerradura de la entrada. Siempre era esa la solución: si se cortaba la luz también se cambiaba la cerradura, por si acaso. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

La tortilla de papas perfecta

Caminaba por la calle y una vez más: se caían los anteojos, el pelo, las pestañas y el cuerpo todo, sólo con las manos atinaba a un equilibrio imposible, con la sensación precisa de un despertar abrupto.

Los trozos de luz reflejados por los autos, filtrados por la sílice amorfa de las ventanas, caminaban desde el asiento trasero hasta la puerta del medio en el sesenta y siete casi vacío. Ese que recibía en la espalda las mismas piedras líquidas que ( ) observaba escurrirse por los intersticios rosados de su recuerdo. Sí, pensaba en él, aunque (se) había prometido no hacerlo. Su imagen tatuada era más poderosa que la mojabilidad de esa lluvia impertinente.

Él era eso. Eso que quería, pero que no quería querer. Filos suaves. Navajas terminadas en terciopelo. Canciones que van y vienen como suben y bajan; puntas redondas, cambio súbito, aceleración sorpresa y contraste. Una tortilla de papas crujientes y con el huevo crudo. B i e n   c r u d o .

domingo, 15 de septiembre de 2013

Amar a (Lucía)

Unas telas doradas de tono apagado se movían, agarradas con hilos como formando un vestido, en una sutil contradicción óptica. Lucía bajó con ellas las escaleras del salón. Hacía un ruido tremendo que nadie escuchaba, tic tac tic, sonaban sus zapatos de una relación alto/espesor demasiado pequeña. El pelo era un foco ineludible: un peinado bien arriba y hecho en una peluquería de barrio en la que supieron que el evento merecía un esfuerzo superior al diario, pero que no lograron alcanzar (por simple definición). Con su cabeza endurecida y esa incomodidad en la que se regodeaba sin disimular, se dirigió al centro de la atención de especímenes análogos; algunos llevaban diseños geométricos baratos (en pleno optimismo los llamaban trajes), otras hacían bailar el final de sus vestidos con sonrisas de glitter y ojos envueltos en curvas negras o azules, en el peor de los casos. 

Era el cumpleaños de quince de La Chola, la nena con la peor popularidad y los mayores deseos de ser ella de todo el colegio. Era pequeña y realmente fea, pero nadie se atrevía a aceptar (y mucho menos a decir) que esa era la razón de su desasosiego. Aquél día todos pensaron que La Chola estaría radiante y contenta, y que sería en efecto la concreción de al menos unas horas de lo que tanto ansiaba. Sin embargo Lucía, envuelta en su dorado romano opaco, llenó el lugar de un aroma que impregnó violentamente la tráquea de (casi) todos los invitados y también de la festejada. Pero no, no trasladaba belleza sobre esos tacos, sólo una delgadez extrema empañada por los efectos del peluquero José. Eso no impidió la concentración de pupilas y envidias (o ganas, en función del observador) que su rareza provocaba.

Al final del pelo que estaba enrollado en sí mismo, Lucía guardaba los recuerdos de cinco años atrás. En ese momento tenía diez: fácil imaginarlo. Las puntas florecidas y ocultas de ese hoy vieron, en la raíz de los diez, cómo los ojos de un nene se perdían en la totalidad de lo que venía abajo, es decir, ella. Saúl estaba también en la fiesta, aunque acostumbrado al paisaje, luego de haberlo deseado tanto. No era a Lucía a quien quería, sino a la respuesta que ella generaba en el entorno. Él era hermoso, pero eso no le alcanzaba si alrededor suyo no encontraba a esa persona hilo, aguja, o las dos. 

Cuando Lucía terminó su recorrido descendente, Saúl fue a su encuentro y le tocó los labios con un beso chiquito. Tomó su mano derecha y desvió con ese acto los ojos acusadores, y los otros. Algunos de los rodeados por tinta negra fueron luego al encuentro con el pelo duro, cachetes de colores y besos al aire. Todo olor barato y fuerte, a baño en el que recién se cambiaron los que lo limpiaban horas atrás. 

Un par de sanguchitos de jamón y queso, una copa de jugo de naranja (polvo de ese color disuelto en agua y agitado con cuchara de madera) y demasiadas expectativas en una noche que era igual a todas las demás, aunque eso sólo lo sabía Lucía. La Chola dibujó un camino análogo al de los tacos imposibles de hacía un rato, marcando graves diferencias. No en la atención de los invitados como en el espectáculo visual y sonoro armado en cada vez mayor cantidad de espantos preformados. Lágrimas, abrazos y muchas mentiras llenaron el lugar. No, no estaba hermosa, no era posible. Y ella lo sabía. Y a Lucía no le importaba. Tampoco le importaba estar ahí, o no estar, sólo era Lucía y sobraba. Caminaba como si le doliera, pero en realidad nada la perturbaba. Esto la erigía en un lugar inaccesible, que hacía creer compartido, pero que era sólo suyo. De manera inconsciente, todos lo sabían pero nadie lo comprendía. Ella era, y se amaba.

martes, 27 de agosto de 2013

catalunya freedom

Ctrl Alt Supr: esto podría ser perfectamente catalán, si no supiéramos que es sólo un modo de acceder a las enaguas de la computadora. Tan sencillo resulta ese pasaje virtual como entreverado el camino que se recorre en una realidad apagada, gris pero traslúcida, en la que él ya desapareció. En la que no está solo ni conmigo, en donde no hay más nosotros (ni “es más nosotros”) porque sencillamente ya no hay él en mí. Aun así, Girona no fue una ciudad más, ni el nombre de una provincia de comunidad autónoma, y mucho menos fue la piedra con escaleras que pisaba en una alegría de sol inenarrable. Sí fue un homenaje, un regalo que nunca va a recibir,  y otro punto final, de esos que ya conozco y nunca respetan a su apellido; signos de puntuación transgénicos, creen ser una cosa pero se deforman irreversiblemente en punto y coma. 
El  sueño de una vida que no existe, que ni siquiera es muerte pero que sólo sirve para un paseo matutino, se vuelve realidad con un simple pasaje de tren. El Clot Aragó – Girona. Y ya que estamos, visitemos Figueres y saquémosle un poco de peso a la travesía (las higueras esas, ciudad a la que me empeciné en llamar Figueiras, en un modo gallego tatuado en la tráquea que no le cedía el paso al duro catalán). Me llené los ojos de helados con sabores desconocidos, en una ilusión infundada de encontrar un doble, o quizá sólo un pedacito suyo escondido detrás de una grieta color crema. Haberlo hecho sin embargo con la firme certidumbre de estar dibujando otra despedida más, con la repetida esperanza de que haya sido por fin la última.

viernes, 2 de agosto de 2013

Encontré lo que buscaba, y lo maté.

¿Quién se esconde detrás de la puerta?

sábado, 8 de junio de 2013

volar

Hoy mis cabellos superiores, el comenzar de su curva descendente y el espacio de cuero cabelludo en su correspondiente costado, apuntan sin saberlo hacia el cielo vigués. Casi de repente, aunque con bastante tiempo de asimilación (lo supe casi desde que volví a Buenos Aires en aquél diciembre), me encuentro otra vez caminando esta zona tan enrevesada del viejo continente. Hay momentos en los que no termino de comprender si me hallo envuelta en un sueño con sensación de vigilia, si es que nunca me fui, o que la realidad se torció de manera circular para mandarme de una patada suave hacia atrás en el tiempo. Sin embargo, cuando siento por unos segundos, veo claramente que estoy en junio del año dos mil trece, y que el pasado quedó ahí donde debe. Las sensaciones de la primera vez para todo no están, el pensamiento fijo en ese reencuentro de un mes se pasa volando tampoco. Ahora las despedidas fueron otras, tal vez más dolorosas, pero ciertamente muchísimo más reales.
El sol que se le da por esconderse tardísimo, ese hablar tan tan que me rodea, y, por supuesto, el despertar entre sábanas-frazadas, no me permiten que dude: sí, estoy muy lejos de casa. 
Más cerca mío, eso seguro.

Verte en vivo. Verte en Vigo.

domingo, 19 de mayo de 2013

domingo (2)

Agua hexagonal que camina por mis vértebras, en un único movimiento ascendente en el que no se distingue el origen. Al llegar al pecho lo atraviesa describiendo una curva, alcanza la cabeza y sublima instantáneamente en una gran ola de vapor suspiro que recorre el centro de mi boca; continúa, azarosa, y finalmente impone presión sobre la cara interna de las fosas, que como válvulas perfectas logran expulsarla. Emana preguntas que sólo abrigan una respuesta: sí, me parece. 

En el interior el frío persiste, me obliga a temblar, pero en la superficie de la piel se siente otra vez el verano y en el cráneo la pesadez de la insolación. En los pies, los copos de nieve y las medias abrigadas que no son. 
La punta de las manos frías que ya no pueden sentir, insisten sin embargo y se mueven sobre 



esto.

domingo, 12 de mayo de 2013

aprendiendo al revés

Se acercaba mi hora difícil en días como hoy, las seis de la tarde. Como hacía tiempo no pasaba, se me dio por publicar en el caralibro una reflexión de lo más interesante (a.k.a. irrelevante):

«La necesidad de hechos sobrenaturales, apariciones inesperadas o explosiones de emoción se hace más intensa los domingos alrededor de las dieciocho. 
La mejor sorpresa duerme en dejar de plantearse estas ausencias. Apaguemos la mente».

Pasaron las horas entre parcial malo y parcial aceptable, mate amargo que fue tendiendo suavemente al pantano de palillos hinchados, mientras corregía cansadamente. Alrededor de las nueve de la noche, logré dar con el punto final en mi tarea (sería más exacto referirme al número final, pero el mejor entendimiento me obliga a cometer ciertas infidelidades en el relato.) La cuestión es que logré volver al libro que estaba leyendo con gran avidez, para encontrarme con un sopapo de los que imprimen una sonrisa grande. Mario Levrero: culpable.

Fauna / Capítulo X (extracto)

«Me gustaría que alguna vez, aunque fuese por un rato, la fantasía se adueñara del mundo y que imprevistos maravillosos vinieran a alterar los cursos diabólicamente previsibles. [...] Que una mañana yo pudiera despertarme temprano sintiéndome plenamente feliz. Pero es inútil: nos gobierna la entropía, y todo lo que se deja librado al azar culmina en desastre para el protagonista».

Cualquier parecido con mi realidad es mera causalidad. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

de los mails largos y los fuegos artificiales

Estoy convencida de que cada vez que me surge un impulso por escribir un mail largo, en su defecto tengo que arrimarme acá y escupir esas verdades de alguna forma algo disfrazada (o tal vez no, total, escribo para mí). Casualmente, cuando decido enviarlos, esos mails carecen de respuesta. Entonces, ¿para qué abrir esa puerta, si acá no hacen falta las devoluciones? 
Debería escucharme más seguido, evitar las desconexiones causadas por necesidades ridículas, esas gestadas en la ansiedad irrefrenable que provoca el recuerdo de un beso profundo. De un abrazo apretado. Muchas veces quisiera clonarme con la excusa de "tengo tanto para hacer que necesito otra yo". Mentira, la verdadera razón esconde dos propósitos: que una se encargue de pensar y sobreanalizar todo lo fútil, y que además abrace y bese de vez en cuando a la otra, la que vive la vida plenamente, que no le teme a la soledad. Por el momento hay más de la primera que de la segunda. Pero se acerca una versión mejorada, una que no necesita un holograma de sí misma. Sólo falta que tome consciencia real de la dicotomía y se deje de hacer pelotudeces, como por ejemplo, enviar mails largos.

viernes, 29 de marzo de 2013

individualismo dialéctico (si existiera algo así)

Es bastante usual conocer personas con gran facilidad para enojarse con otros pero no tanto con ellas mismas. Mi caso es diametralmente opuesto: si algo sale mal, seguro que es por mí. Me resulta cotidiano escuchar mi propia voz (interna o de la otra) diciendo "estoy más enojada conmigo que con...", "claro, es por mi culpa", "soy lo menos", o "qué pelotuda". El asunto es conocido, no se puede andar cargando con responsabilidades ajenas, proyectando deseos propios, imaginando situaciones inexistentes. BLEH. Simplemente tampoco se puede dejar de pensar, y allí comienza la paradoja: no pensar como pienso, sino como debería, lo que se contradice con imponer que "no todo estaría siendo mi culpa". Hoy me caí de la bicicleta, me dije ser una pelotuda, y ahí tenía razón. Otras veces no es tan simple.

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BREATH
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La imagen irreal del hombre que espera en la puerta indefinidamente, que espera por mí. La sorpresa ansiosa (¿o la ansiedad sorpresiva?) de encontrar esa novedad que aplasta y destruye lo conocido, aburrido y tedioso que resulta estar con uno mismo todo el tiempo. MOMENTO. ¿Por qué no empezar por replantearme esto último? Ah, sí, ya lo hice. Lo vengo haciendo seguido. Quererme más (what?), que si muchos piensan tan maravillosamente de mí por algo será. ¿A quién intento mentirle? Idiota no soy, a mí no puedo engañarme. Epa, ¡vamos mejorando! Puta, sigo en el mismo lugar, siempre, adentro mío. Adentro. Mío. Aprendiendo a amar lo que no puede matarse ni morir en la vigilia. 

domingo, 17 de marzo de 2013

el otro Hobbit

Maldita sangre irlandesa
que bendigo con whisky
el que diluye los tuyos recuerdos
tu voz pegada en mi derecha

y así te vas
y así yo vuelvo a ser yo
y vos seguís siendo vos
allá
con un rojo similar que nace de la izquierda,
sin latidos

viernes, 1 de marzo de 2013

tercera: última

Segundos después de decidir que necesitaba sangrar por los dedos un rato, la pantalla de mi celular gritó luz sin recibir ningún estímulo externo. Se ve que también necesitaba ser encendida, y el poder de lo estocástico apareció súbitamente estirándole una mano eléctrica. No quiero ser catártica, no quiero olvidarte y no tolero permanecer ausente. Tengo tanto por decir y transpirar que no logro comprender hasta dónde ésta irrealidad puede ser transformada. Certidumbre de lo ignoto y lejanía en todas sus formas chocando en silencio con las chispas de una espera(nza) irracional, infundada o ciertamente mal interpretada.
“Mujer de ciencia, una vida nos separa”. Claro que no. Dos vidas nos separan: la tuya y la mía. Deseo ir y comprar cacao amargo, dártelo un día, que me mires con esa risa burlona de costado, ahí adonde se te marca la arruga precoz. Que me veas a través de los dos vacíos negros pupilas y decirte que sí, que tenés razón, que si se quiere algo de verdad entonces se logra. Pero vos no sos algo, y lo que te construye no quiere nada de lo que pueda darle mi yo inquieto y ansioso; ni chocolate ni nueces ni el poco ruido ni nada de nada.
La soberbia me obliga a creer que es por no quererte lo suficiente a vos mismo, sin embargo no logro hacerle el lugar adecuado para que esos pequeños gritos de luz dominen al resto. Ese maldito resto que gana el primer plano en un golpe seco al estómago mientras me escupe la puta verdad: ya sabía que esto era así, hasta supe decírtelo, y no hay desafío por ganar. Nada fue siempre, nada será en cualquier caso. Nada de nada.
Stop.

miércoles, 20 de febrero de 2013

dosando suavemente la nada para no lastimarse

Empecé comiendo mierda, llenándome la cabeza de una gran mierda-mamífero disfrazada de cristal. Creía que era tóxica, pero me confundí: era sólo viscosa y desagradable. Haciéndome la Fiona Apple, mi sangre cantaba, precipitada, I'm gonna make a mistake, I'm gonna do it on purpose. I'm gonna waste my time. No tan de a poco, esa materia oscura fue diluyéndose con vacío, con la nada misma. Como si pudiera desgranarse, fibras musculares de vacío merdoso mezclado con ese que es la falta de todo. La muy oportuna fue a parar a mis ojos, me los llenó, se los juro. Toda la nada en la cabeza y alrededor, y en mis ojos, sólo marrón. Como dos granos a punto de explotar. La nada, incoherente, pujó y por fin encontró el hueco. Ahí, expectante, arrasó y terminó llenándome. Sacó todos los desechos y los transformó en líquido salado, menos viscoso, translúcido. Lúcido. Sí, ahora veo. Veo bien clarito. Adiós, nefasta copia carbónica de Holiveira. Hadiós.

domingo, 10 de febrero de 2013

Amok y los hologramas

Era un concierto cualquiera, en una ciudad marítima. Estaba muy adelante, casi en el escenario, sobre el lado derecho y sentada en una cama. La gente a mi alrededor no comprendía lo que estaba sucediendo: Thom Yorke se había duplicado, uno vestía un traje digno de David Bowie, muy atrás, y el de adelante era un cuerpo que realizaba movimientos humanos enfundando en telas típicas. Con mucha naturalidad concluí que se trataba de un simple holograma, algo muy propio de gente así. Disfrutaba de ese regalo inesperado de una forma lo suficientemente estática como para asustarme al despertar. Lo más terrible, de todas maneras, no radica en esto último. Esa reunión musical prosiguió durante varias noches, por supuesto que aludiendo a la sorpresa cada vez, pero yo había decidido aislarme en un hotel alejado del centro; lejos de ellos y de mí misma, inmersa en un libro que no guardaba relación con la realidad. Una silla incómoda y un patio, un libro en la mano, y un celular sonando. Mi amigo en un último sacudón intentaba que volviera a pisar, me decía que hacía seis días estaban tocando al menos uno o dos temas, que adónde estaba y que cómo podía ser. Esa noche era la última, estaban por colmar la sala de sonidos, que vaya que me apure. "Sí Alu, ahora voy, me apuro, sí sí". La parada de colectivos estaba rodeada, no había vehículos grandes, sólo taxis que no se detenían. Otra vez, la última, me perdía de manera absolutamente consciente un evento de la vida que hubiera jurado vivir con plenitud.

Cuando la realidad se agiganta alrededor, uno se siente más pequeño por simple comparación. La clave radica en crecer con ella, acompañarla en un vuelo imperceptible.

domingo, 16 de diciembre de 2012

escribo para mí, y me hago cargo

¿por qué me importás, si yo sé que no, no, y no vamos a ninguna parte? Las partes no están involucradas, y se me quema el pollo en mi horno (el femenino ya se quemó hace rato, algunos días atrás, en otro de mis hornos). Distinguir importancia de imposibilidad de constancia en el pensamiento me resulta una tarea jodidísima. Es la novedad, la indiferencia o el exceso de placer. O una combinación no lineal de las tres. No puede ser otra cosa, no hay lugar para otra cosa. No queremos que lo haya. Otra novedad, y punto. A otra cosa larva. No rima y tampoco me importa, si total Manuelita vivía en Pehuajó.

sábado, 10 de noviembre de 2012

ylusa

Ilusa yo, ilusa  al desconocer y creer, por abrir sentir dejar entrar.
Casi tan suave piel como áspero interior, rugoso, triste pensar de poco sentir.
Empalagobeso riquísimo el aroma y la armonía que desata, violencia que ninguna paz podría reclamar.
Y en el borde de ese mar ininteligible, callo, absorta y expectante.
Y otra vez, ylusa.